Aplicaciones con baja eficiencia, alta latencia, inestabilidad bajo carga o consumo excesivo de recursos, que encarecen la operación y comprometen la experiencia del usuario.
Entornos mal dimensionados que desperdician dinero o se bloquean en momentos críticos. Falta de previsibilidad, sobrecostes en la nube, escalabilidad improvisada y riesgos de indisponibilidad por saturación de recursos.
Sistemas que fallan, se bloquean o se degradan cuando aparece la carga real. Lanzamientos arruinados, inestabilidad en las campañas, incidentes costosos y poca visibilidad sobre el comportamiento de la aplicación bajo presión.