Es posible que ya hayas leído aquí, en el blog de Inmetrics, que las aplicaciones modernas cuentan con dos capacidades fundamentales: procesar rápidamente grandes volúmenes de datos prácticamente sin errores y ofrecer experiencias fluidas al usuario, independientemente del dispositivo que utilice para acceder a ellas. Sin embargo, hay una tercera característica igualmente importante: ser capaz de llevar a cabo esas dos capacidades para muchos usuarios y de forma simultánea. Para saber si el sistema es capaz de hacerlo, realizamos diferentes pruebas de rendimiento.
Se trata de evaluaciones técnicas que miden, en función de diferentes niveles de uso, la eficiencia de un sistema, ya sea en cuanto a su velocidad, estabilidad o capacidad de respuesta.
Sigue leyendo este artículo para comprender con más detalle en qué consisten las pruebas de rendimiento, cómo se pueden clasificar y por qué son tan fundamentales, especialmente cuando se trata de programas cuyo modelo de soporte es la computación en la nube.
Según el Consejo Internacional de Certificación en Pruebas de Software, las pruebas de rendimiento son aquellas que se llevan a cabo para determinar la eficiencia del rendimiento de un componente o un sistema. A primera vista, la definición puede parecer redundante, pero hay que destacar un punto: el objetivo de las pruebas es la eficiencia del rendimiento, no solo su mera existencia.
Cualquier programa, por malo que sea, «funcionará» de alguna manera. La función principal de las pruebas es medir la eficiencia del rendimiento para mejorarlo o, cuando ya es bueno, garantizar que siga siéndolo en cada nueva versión.
Otro aspecto relevante de la definición es que las pruebas de rendimiento pueden realizarse tanto en componentes como en toda la aplicación; es decir, pueden ser tanto pruebas unitarias como pruebas de las últimas capas de integración de sistemas complejos.
Los resultados de las pruebas de rendimiento se basan en cinco métricas fundamentales:
Al cruzar estos indicadores, podemos comprobar no solo si el sistema aguanta, sino también conocer su historia completa: cómo se degrada, qué fallos se producen primero y cuánto consume cada uno de ellos del presupuesto destinado a la aplicación.
En general, podemos dividir las pruebas de rendimiento en cuatro grandes grupos:
Independientemente del tipo, todos ellos gestionan variaciones en los volúmenes del sistema, ya sean de usuarios, datos, transacciones o tiempo de exposición. Lo que varía en cada uno de ellos es la forma en que ese volumen llega a la aplicación.
Las buenas estrategias de pruebas de rendimiento combinan más de uno de estos tipos, ya que las aplicaciones reales se enfrentan a todas estas curvas a lo largo de su ciclo de vida.
La necesidad de investigar cómo evoluciona la aplicación a lo largo del tiempo, especialmente ante su crecimiento, ha cobrado aún más importancia en un contexto en el que existe una amplia disponibilidad de recursos informáticos. Este escenario, propiciado por la inteligencia artificial y la computación en la nube, ha situado las pruebas de rendimiento en el centro del debate de la disciplina de Ingeniería de Calidad.
La disponibilidad de agentes de inteligencia artificial capaces de desarrollar aplicaciones ha favorecido en gran medida la creación de software. El amplio acceso a los servicios de computación en la nube ha facilitado el lanzamiento de estas aplicaciones, aunque aún se encuentren en fase de prototipo.
Sin embargo, hay una enorme diferencia entre lanzar un MVP y, tras validarlo, mantenerlo disponible y estable, permitiendo incluso seguir mejorándolo. Aunque las barreras de entrada son ahora más fáciles de superar, crecer de forma estable sigue siendo un reto.
En este contexto, las pruebas de rendimiento cobran una importancia fundamental. Es gracias a la gran cantidad de pruebas automatizadas que se llevan a cabo de forma casi ininterrumpida —lo que define la calidad como un servicio — que conseguimos que las aplicaciones estén siempre preparadas para dar el salto al siguiente nivel de escalabilidad.
Para que crezca de forma sostenible, es necesario planificar y supervisar incluso la escalabilidad de un sistema. Las pruebas de rendimiento indicarán cómo responde este a los mecanismos de escalabilidad automática, conocidos con el término inglés «auto-scaling».
Como hemos mencionado al principio del texto, las pruebas tienen como función identificar el nivel de eficiencia del rendimiento para poder mejorarlo o, en los casos en que ya sea óptimo, mantenerlo. En estos casos, las pruebas de rendimiento también ayudan a gestionar los costes de la infraestructura de computación en la nube. Permiten comprobar cuál es la demanda real de recursos computacionales del sistema, manteniéndolo en funcionamiento sin malgastar el presupuesto.
Las pruebas de rendimiento son una de las especialidades de nuestra unidad de Plataformas Digitales, ya que se centra en los fundamentos que sustentan el crecimiento a gran escala. A través de la actividad de calidad como servicio continuo, ayudamos a nuestros clientes a gestionar sus aplicaciones de forma predecible, lo que les proporciona la confianza necesaria para crecer.
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